24 feb. 2014

Ciencia e innovación morelenses.

publicado en La Jornada Morelos el 24 de febrero de 2014
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Cada vez se realizan más estudios, análisis y propuestas sobre el estado, la conducción y el impacto de la ciencia, tecnología e innovación (CTI), tanto a nivel internacional como nacional. Es imprescindible encontrar aspectos particulares en que la CTI pueda coadyuvar a mejorar las condiciones económicas, sociales y ambientales de nuestras sociedades y, en particular, conocer e impulsar actividades generadoras de conocimiento que refuercen su impacto positivo en la solución de los más importantes problemas nacionales y estatales. Sin embargo, en las últimas tres décadas se han realizado estudios de ranking o de jerarquización de países o de regiones para comparar sus actividades económicas, sociales, ambientales o de CTI. Esta jerarquización no es válida desde un punto de vista educativo, político o estadístico. El establecimiento de un sistema de ponderación entre indicadores siempre es discutible y puede causar serias interpretaciones falaces. En cambio, el análisis comparativo de indicadores e índices sí permite conocer las “mejores prácticas” y tomarlas como modelo a seguir.
El Foro Consultivo Científico y Tecnológico, AC, publicó un libro titulado “Ranking Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación 2013, Capacidades y oportunidades de los Sistemas Estatales de CTI” (ISBN: 978-607-9217-31-0. DR Enero 2014, FCCyT), que continúa su tarea de construir un acervo de información estadística de CTI de las 32 entidades federativas de la República Mexicana. Los autores de este libro, Gabriela Dutrenit Bielous, María Luisa Zaragoza López, María Antonieta Saldívar Chavez, Elmer Solano Flores y Patricia Zúñiga-Bello, realizan una revisión sucinta de los estudios e indicadores de CTI elaborados por organismos internacionales, se enfocan a los referentes nacionales e internacionales de rankings de CTI, exponen los resultados nacionales que se consideran más significativos en términos de capacidades y oportunidades en CTI de las entidades federativas, y ofrecen resultados por entidad federativa.
El estudio se realizó siguiendo dos modelos, según los autores: primero, el modelo de Tablero de Resultados de Innovación Regional (Regional Innovation Scoreboard) 2012 de la Unión Europea y, segundo, un Análisis Multivariado de Componentes Principales, donde se calculan los ponderadores de cada uno de los indicadores que integran las diez dimensiones del ranking. Así, consideraron 58 indicadores y 122 variables. Este ranking es un indicador que, de acuerdo con los autores, además de medir las capacidades de CTI, incluye elementos de desempeño económico y social, que permite caracterizar las vocaciones económicas y de CTI de las entidades federativas y que ofrece una mirada integral, desde la condición particular de cada entidad y su ubicación en el entorno nacional. Los autores reiteran que los estudios de esta índole son sólo un punto de referencia que contribuye al análisis y los resultados no deben tomarse como absolutos.
            Los autores presentan resultados de carácter general. Sobresalen en el ordenamiento cinco entidades: Distrito Federal, Nuevo Leon, Querétaro, Jalisco y Morelos. En contraposición, en el extremo inferior se encuentran: Tabasco, Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Campeche. Por otro lado, consideran significativos los datos particulares de una docena de entidades a la mitad del ordenamiento propuesto, donde se ubican estados que en algunas de las dimensiones seleccionadas han realizado esfuerzos significativos en la dinámica de sus sistemas de CTI, lo que les permite avanzar algunas posiciones de acuerdo a esta metodología 2013: por ejemplo, Puebla, San Luis Potosí, Sinaloa, Tamaulipas, Baja California Sur, Yucatán, Colima, Coahuila, Aguascalientes, Baja California, Chihuahua y Sonora.
            Sin embargo, debe destacarse que de acuerdo con los métodos del ordenamiento presentado el Estado de México ocupa el lugar 18 y el Estado de Guanajuato el 20. Resultados que son totalmente anómalos con relación a otros estudios de ranking que los colocan en los primeros lugares nacionales por sus elevadas capacidades educativas, de investigación, de innovación, industriales y de financiamiento para la CTI.
            Las posiciones asignadas a Morelos por este estudio en cada una de las dimensiones seleccionas, con respecto a las 32 entidades federativas, son: lugar 3, Personal docente y de investigación y Género en la CTI; lugar 5, Productividad científica e innovadora; lugar 6, Inversión estatal y federal en CTI; lugar 8, Componente institucional; lugar 12, Tecnologías de la información y comunicaciones; lugar 14, Formación de recursos humanos; lugar 16, Infraestructura empresarial; lugar 17, Infraestructura académica y de investigación; y lugar 24, Entorno económico y social. En términos generales, la posición otorgada a Morelos es la 5 de 32 entidades federativas.
            En principio debemos estar orgullosos de nuestra calificación. Sin embargo, debemos señalar que sólo estamos en dos dimensiones arriba de 5, lo que indica que en el método de ponderación utilizado se valorá mucho más a “personal docente y de investigación” y a “género en la CTI” que a cualquier otra dimensión; en particular, que a “entorno económico y social”.
            También, el estudio selecciona un conjunto de indicadores que considera de interés para cada entidad federativa. En las mejores posiciones están: lugar 1, Impacto de la producción científica por entidad federativa 2002-2011; lugar 2, Investigadores del SNI por cada 10 mil de la PEA 2012, Recursos otorgados por el CONACYT para RH respecto al presupuesto del estado 2010-2012, Suscriptores a teléfonos móviles por cada 100 habitantes 2012, y Marco normativo de planeación de la CTI 2012; lugar 3, IES con programas de Licenciaturas en Universidades Tecnológicas por cada 10 mil habitantes de 20 a 29 años de edad 2011 y  Cobertura de becas CONACYT 2012; y lugar 4, Relación de género de investigadores SNI 2013. Y en las peores posiciones están: lugar 23, Tasa del presupuesto del Gobierno para CTI respecto al total de fondos CONACYT 2010-2012; lugar 25, Matrícula de licenciatura afín a CyT por cada 10 mil de la PEA 2010-2011; lugar 25, Cobertura de programas de licenciatura certificados 2013; y lugar 30, Vocación de la entidad federativa medida mediante la productividad científica 2011.
            En Morelos, debemos considerar con mucho cuidado éste y cualquier otro estudio de ranking sobre cualquier tema. En particular, analizar la metodología empleada para descifrar detalladamente los elementos de ponderación que nos ayudaron y, por supuesto, los que nos perjudicaron. También, es fundamental identificar qué políticas públicas estamos aplicando para mejorar cada indicador planteado. Finalmente, proponer políticas públicas con los mejores indicadores para medir el avance del impacto de la ciencia, tecnología e innovación en nuestra sociedad.

17 feb. 2014

Un mundo sin desechos

publicado en La Jornada Morelos el 17 de febrero de 2014

Los humanos depositamos globalmente cerca de 1300 millones de toneladas de desechos en rellenos sanitarios cada año y se estima que esta cifra se duplicará en el año 2025 si no cambiamos nuestras costumbres, de acuerdo a datos publicados por el Banco Mundial. Nuestra salud y la del planeta requieren que cambiemos de hábitos de consumo y de procesos para la gestión de los desechos. Una opción es tratar a estos desechos como insumos de producción que generen ganancias y reduzcan la contaminación.
Rick Docksai, editor asociado de THE FUTURIST and World Future Review, publicó el artículo “¿Un Mundo sin Desechos?” (A World without Waste? The Futurist, Marzo-Abril 2014, Vol. 48, No. 2). En él plantea que las instalaciones industriales, en todo el mundo, desaprovechan diariamente toneladas de metal, productos químicos, vidrio, plástico y otros materiales primarios que son de gran utilidad. Además, su disposición “final” cuesta tiempo y dinero, e inevitablemente se contamina al ambiente. Finalmente, presenta el concepto de “cero desechos” y algunos casos de éxito.
Los esfuerzos para alcanzar una sociedad con “cero desechos” ofrecen, según el autor, una esperanza para tener un futuro sin desechos; es decir, sin rellenos sanitarios y donde los hábitos de consumo no sostenibles han desaparecido.
Europa importa más materiales que cualquier otro continente y también los despilfarra, indica el autor. En promedio, el 60 por ciento de sus desechos municipales termina en rellenos sanitarios o incineradores. El país más avanzado en el tema es Noruega, que recicla el 68 por ciento. Existe una iniciativa llamada ZeroWIN (del acrónimo en inglés, Towards Zero Waste in Industrial Networks), que pretende alcanzar cero desechos en las redes industriales de Europa. Confían en ampliar el proceso de reciclado doméstico, ya exitoso. Se pretende establecer flujos de reciclaje entre empresas, donde una compañía invita a otra para compartir un sitio de trabajo, y los subproductos en los desechos de una son recolectados y usados como insumos por otra. Por ejemplo, en Dinamarca, el humo emitido por una compañía o el desecho orgánico de otra ya es recuperado y convertido en sulfatos minerales por una tercera, que los emplea para fertilizantes. Si este programa tiene éxito, de acuerdo con los socios de ZeroWIN, Europa podría reducir en 30 por ciento sus emisiones de gases de invernadero y en 75 por ciento el consumo de agua; así como un aumento del 70 por ciento en el reciclado y reuso de desechos.
El sector con la mayor cantidad de desechos en Europa, hoy, es el de la construcción, seguido por el automotriz, apunta el autor. En el primero, se dejan “montañas” de cemento, metal y madera, entre otros, que podrían ser reutilizados fácilmente, si se invirtieran pequeños presupuestos y los equipos de demoliciones no deshicieran en demasía los componentes de una edificación, puente o carretera. En el segundo, con el plástico reciclado se podrían hacer muchas partes de los coches, que al ser más ligero que los materiales convencionales, harían a los autos menos costosos y con mejor economía de combustible.
La mayoría de las empresas emprendería un camino más sustentable pero teme que cuesten más sus procesos. Sin embargo, un programa adecuado de gestión de desechos debe reducir el costo de producción; ya que se elimina la necesidad de pagar por su limpieza y disposición. Señala el autor que el sector europeo de metal-mecánica podría ahorra unos 100 mil millones de pesos al año si aplicara medidas más eficientes en el uso de sus recursos naturales.
            La visión sobre los procesos de contaminación por la industria ha avanzado en el tiempo, establece el autor: de tratar de mejorar la calidad ambiental de los desechos de una empresa, a generar menos contaminantes y, ahora con ZeroWIN, a aprovechar los reducidos flujos de desechos. Un ejemplo en el sector energético es la reutilización de los lodos residuales en las refinerías para quemarlos y generar electricidad, evitando grandes problemas ambientales por las fugas en el transporte y en los rellenos peligrosos donde son depositados y generando un beneficio por evitar la compra de la electricidad producida. Otro ejemplo es la recolección en albercas del agua contaminada de desecho de los establos de animales, donde crecen algas. Estas algas son tratadas para que extraigan mayor cantidad de bióxido de carbono de la atmósfera y para que digieran el nitrógeno y el fósforo presentes y así producir grasas; dichas grasa puede ser extraída y convertida en biodiesel para la maquinaria de los agricultores.
            En Morelos, debemos cambiar drásticamente nuestra visión sobre la gestión de desechos. El camino es la eliminación del consumo voraz de productos por un gran segmento de nuestra sociedad, la reducción y reuso directo de desechos, y el aprovechamiento integral de los flujos de desechos entre los propios sectores industrial y comercial. Podemos hacer un sistema productivo más eficiente en costo y que proteja al ambiente.

9 feb. 2014

Política pública sustentada en conocimiento

publicado en La Jornada Morelos el 10 de febrero de 2014


El acervo de conocimiento generado desde la academia se convierte en un insumo útil y valioso para el diseño de políticas públicas adecuadas a los contextos económicos, sociales, ambientales e institucionales de los países avanzados. Sin embargo, en los menos desarrollados, se observa que la transferencia de conocimientos desde la esfera académica a la esfera de la política pública es generalmente débil y esporádica. Cuando esta transferencia se produce, generalmente ocurre a través de un conjunto limitado de mecanismos que operan con distinto grado de éxito y frecuencia; por ejemplo, de las consultorías y asesorías encargadas por los hacedores de políticas a la academia, así como las interacciones informales entre investigadores y políticos. Debemos diseñar procesos permanentes que fomenten la vinculación para llevar a cabo acciones de política basadas en conocimiento.
Yamila Kababe, Investigadora del Centro de Estudios sobre Ciencia, Desarrollo y Educación Superior y docente de la Universidad Nacional de Quilmes, publicó el artículo “La interacción entre investigación y política: aproximaciones conceptuales”, en la Revista Ciencia, Tecnología y Sociedad, nº 25, vol. 9, Enero de 2014. En este artículo la autora propone un análisis y sistematización de diversos aportes teóricos que discuten acerca de la complejidad de la interacción entre el ámbito de la ciencia y el de la política pública, las problemáticas frecuentes en tales procesos, así como los factores que promueven la influencia de la investigación en la producción y diseño de políticas públicas.
            El uso de la investigación científica en el diseño de políticas es un fenómeno complejo que requiere de un profundo análisis del proceso de generación de conocimientos y de los propósitos de su utilización. La autora ahonda acerca del significado del “uso” del conocimiento y, como derivación de este análisis, presenta una serie de modelos que describen las variadas formas que puede adoptar el uso de la investigación en políticas públicas considerando la generación de conocimiento por parte de los investigadores, su uso por parte de los hacedores de política y el vínculo entre generadores y usuarios del conocimiento. Define cuatro tipos de modelos de uso: i) empuje de la oferta, se caracteriza por la generación de ideas por parte de los académicos, que definen la dirección de las investigaciones en función de su interés en el avance del conocimiento, y los usuarios son simples receptores de los resultados de las investigaciones; ii) tracción de la demanda, los usuarios generan demandas concretas de conocimiento a fin de encontrar soluciones a problemas específicos, que se materializa a través de un contrato entre el hacedor de políticas, quien define qué tipo de conocimiento necesita, y el investigador; iii) diseminación, que propone un paso adicional consistente en diferentes mecanismos de difusión de los resultados de investigación alcanzados, que gira en torno a dos factores clave: el tipo de resultado de la investigación (en particular, que el conocimiento sea de utilidad) y los esfuerzos de diseminación (para que el conocimiento generado adquiera visibilidad para el potencial usuario), y iv) interacción, que parte de la premisa que la utilización del conocimiento depende de la ocurrencia de variadas interacciones entre el generador y el usuario del conocimiento, que éstas interacciones suceden de manera desordenada (no lineal) en el tiempo, y que los objetivos se formulan a partir de las necesidades y los intereses de todos los actores del proceso, tanto de los investigadores como de los hacedores de política e, inclusive, a través de la participación de otros posibles actores.
            El análisis de los modelos de uso del conocimiento en políticas puede ser complementado con la tipología que distingue tres tipos de uso del conocimiento en políticas públicas, señala la autora: i) el uso instrumental, cuando el hacedor de políticas basa sus decisiones en el resultado de una investigación específica y es utilizado para una acción concreta; ii) el uso conceptual, cuando la investigación permite iluminar situaciones o problemas del campo del diseño de políticas públicas e impacta en la acción pero de manera más indirecta y menos específica que en el uso instrumental, modificando las percepciones, actitudes y creencias sobre las relaciones causa-efecto de los políticos; y iii) el uso simbólico, se da cuando la investigación es utilizada para legitimar o dar sustento a posiciones predeterminadas o preexistentes en el campo de las políticas públicas, y el hacedor de política se apoya en resultados de investigaciones para demostrar que la política diseñada o implementada es acertada y legitimar decisiones, o para argumentar la necesidad de incorporar cambios o desacreditar opciones preferidas por otros.
Los mecanismos y prácticas de interacción entre investigadores y políticos son importantes predictores del uso de la investigación en política. Cuanto más intensa y frecuente es la interacción, mayor es la probabilidad de que el conocimiento generado en el ámbito de la academia sea utilizado por los hacedores de política, indica la autora. El análisis de los mecanismos y prácticas que promueven la interacción entre ambas comunidades se centra en el rol de los vínculos sociales entre investigadores y políticos. Estas acciones tienen estrecha relación con los esfuerzos de adaptación y adquisición, los cuales conllevan la necesidad de cultivar relaciones de trabajo duraderas, cercanas e interactivas entre investigadores y políticos para evitar la desconexión entre la forma en que los investigadores piensan la investigación y la acción en política. Los mecanismos y prácticas se pueden agrupar en tres categorías: i) las redes y asociaciones, ii) las estrategias de comunicación y iii) las prácticas de intermediación.
            Es necesario identificar el régimen de decisión política que predomina en el ámbito de actuación del investigador, apunta la autora: de decisión rutinario, donde hay preferencia por la información que refuerza o modifica levemente los procesos políticos en marcha, y se resiste a la investigación que explícitamente desafía las creencias y principios fundacionales; de decisión incremental, en el cual se aceptan las recomendaciones que identifican alternativas y conducen a la resolución paulatina de temas que fueron previamente seleccionados en la agenda política, y no son bienvenidos los insumos que buscan promover cambios profundos e inmediatos en las políticas existentes; y de decisión fundamental, basado en continuas y radicales reconsideraciones de políticas y estrategias, por ejemplo ante la aparición de fases de transición y renovación política, fases de crisis y presiones.
En Morelos, debemos definir e implantar mecanismos para que, con apoyo de la academia, la política pública esté sustentada en conocimiento.

Tendencias mundiales y América Latina.

publicado en La Jornada Morelos el 3 de febrero de 2014
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El diseño de políticas públicas en México y América Latina tiene, en general, escasa profundidad estratégica e insuficiente perspectiva de largo plazo, como ya hemos escrito anteriormente. Esto limita la posibilidad de aprovechar oportunidades o contener riesgos a tiempo. Numerosos países desarrollados de Europa y Asia han fortalecido estas capacidades y América Latina puede avanzar rápidamente si conociera y participara activamente en estos análisis. El futuro no puede conocerse con certidumbre pero es factible establecer inteligentemente futuros alternativos para seleccionar el mejor y construirlo estratégicamente. Los estudios de prospectiva y estrategia deben entenderse como una forma moderna de planificación que sustituye a la existente desde los años sesenta.
            La Comisión Económica para América Latina (CEPAL) publicó un texto de Sergio Bitar, Director del programa Tendencias Globales y el Futuro de América Latina, del Diálogo Interamericano, y Presidente de la Fundación por la Democracia, sobre ”Las tendencias mundiales y el futuro de América Latina” (CEPAL - Serie Gestión Pública N° 78, ISSN: 1680-8827. LC/L.3681. LC/IP/L.328.
Copyright © Naciones Unidas, enero de 2014). En él se expone por qué es importante impulsar la realización de estudios prospectivos en América Latina, se condensan las tendencias y escenarios mundiales más probables, se definen las esferas que ameritan una mayor atención de América Latina debido al impacto que podrían tener algunos procesos globales en cada país y en la región completa, y se deducen los ámbitos en que los países latinoamericanos deberían fortalecer la capacidad de estudio con vistas a mejorar la formulación de sus políticas.
            En el “Diálogo Interamericano” se ha logrado reunir un registro de más de 600 estudios mundiales y sectoriales con perspectiva a largo plazo (al menos diez años) publicados en los últimos tiempos. Al examinar las principales tendencias a largo plazo, se aprecia una coincidencia entre ellas, que permite definir las seis tendencias mundiales relevantes para el futuro de América Latina, señala el autor: tecnologías disruptivas, aquellas en gestación y cuya difusión transformaría sustancialmente la producción, el empleo, el bienestar, la gobernabilidad y las relaciones humanas; escasez de recursos naturales, por ejemplo, agua, alimentos, energía y minerales; demografía del mundo que viene, transformaciones demográficas, desplazamiento del poder, nuevos mercados, clases medias en ascenso y migraciones; ciudades futuras, urbanización y expansión de las ciudades, concentración de la población, demanda de infraestructura y servicios básicos, calidad de vida y competitividad de las ciudades; cambio climático, efectos en la agricultura, oportunidades de crecimiento verde, conciencia ciudadana y cambios de comportamiento; y empoderamiento ciudadano y transformación de los gobiernos, gobernabilidad democrática, ciudadanos globales interconectados, impacto de nuevas tecnologías en las relaciones sociales, transparencia, seguridad, violencia y crimen organizado, y ciberataques. A continuación sólo analizaremos dos de estas tendencias.
            Las tecnologías disruptivas se pueden agrupar en cinco esferas, menciona el autor: trascender las limitaciones físicas, lo que comprende los principales procesos y productos que influirán en la salud, así como en la extensión y calidad de la vida, que abarca los avances en materia de diagnóstico avanzado, con nanoestructuras, control de funciones y estructuras biológicas, así como análisis genéticos para detectar enfermedades antes de su manifestación clínica; el segundo grupo concierne a usar apropiadamente la energía, que abarca campos como las redes de “energía inteligente”, que reciben y distribuyen la electricidad según el consumo de los participantes, mejorando así la eficiencia y la seguridad, por ejemplo en la aplicación de nanotecnologías para incrementar la eficiencia de las celdas solares y baterías; un tercer ámbito abarca los nuevos materiales y procesos industriales que combinan las tecnologías de impresión tridimensional o fabricación aditiva con nanomateriales y tecnologías de la información; en cuarto lugar están las tecnologías que refuerzan la interconexión humana, el impacto de Internet en los próximos 15 años, por ejemplo, superaría los efectos transformadores que tuvo la Revolución Industrial en 50 años; y el quinto ámbito es la robótica, que se fortalecería con el apoyo de la biorrobótica, nanotecnologías, sensores y tecnologías de almacenamiento de energía, se multiplicarían los vehículos no tripulados y los aparatos miniaturizados, invisibles al ojo humano.
            El empoderamiento ciudadano y transformación de los gobiernos se debería a que el analfabetismo ha bajado, indica el autor. Datos de la UNESCO establecen que la población mundial alfabetizada pasaría del 84% en 2010 al 90% en 2030, se están igualando los niveles educativos entre hombres y mujeres; el uso de Internet ha registrado un crecimiento exponencial, ya que en 2012, tenían acceso a la red un 34% de la población mundial, mientras que en América del Norte llegó al 79%, en Europa al 63%, en América Latina al 43%, y en Asia al 28%. Si se mantiene la tendencia actual, los escenarios optimistas estiman que la penetración digital mundial podría acercarse al 90% en 2030. Esto implica que la defensa y promoción de los derechos políticos no dejará de hacerse sentir. La mujer asumirá mayor presencia y liderazgo y los pueblos indígenas exigirán igualdad y dignidad. Las instituciones democráticas deberán adaptarse a estos nuevos retos. Las nuevas generaciones tendrán mayor conciencia de sus derechos y mayor capacidad de exigir su cumplimiento.
En Morelos, debemos constituir unidades de planificación prospectiva y estratégica en los gobiernos estatal y municipales para definir políticas públicas de largo aliento; crear comisiones que proyecten el debate legislativo a largo plazo y difundan estos análisis en el plano político; establecer o apoyar centros de estudios no gubernamentales, con financiamiento público, para analizar escenarios y formar especialistas; y promover la coordinación nacional, latinoamericana e internacional de centros y personas dedicadas a hacer estudios prospectivos.