9 feb. 2014

Política pública sustentada en conocimiento

publicado en La Jornada Morelos el 10 de febrero de 2014


El acervo de conocimiento generado desde la academia se convierte en un insumo útil y valioso para el diseño de políticas públicas adecuadas a los contextos económicos, sociales, ambientales e institucionales de los países avanzados. Sin embargo, en los menos desarrollados, se observa que la transferencia de conocimientos desde la esfera académica a la esfera de la política pública es generalmente débil y esporádica. Cuando esta transferencia se produce, generalmente ocurre a través de un conjunto limitado de mecanismos que operan con distinto grado de éxito y frecuencia; por ejemplo, de las consultorías y asesorías encargadas por los hacedores de políticas a la academia, así como las interacciones informales entre investigadores y políticos. Debemos diseñar procesos permanentes que fomenten la vinculación para llevar a cabo acciones de política basadas en conocimiento.
Yamila Kababe, Investigadora del Centro de Estudios sobre Ciencia, Desarrollo y Educación Superior y docente de la Universidad Nacional de Quilmes, publicó el artículo “La interacción entre investigación y política: aproximaciones conceptuales”, en la Revista Ciencia, Tecnología y Sociedad, nº 25, vol. 9, Enero de 2014. En este artículo la autora propone un análisis y sistematización de diversos aportes teóricos que discuten acerca de la complejidad de la interacción entre el ámbito de la ciencia y el de la política pública, las problemáticas frecuentes en tales procesos, así como los factores que promueven la influencia de la investigación en la producción y diseño de políticas públicas.
            El uso de la investigación científica en el diseño de políticas es un fenómeno complejo que requiere de un profundo análisis del proceso de generación de conocimientos y de los propósitos de su utilización. La autora ahonda acerca del significado del “uso” del conocimiento y, como derivación de este análisis, presenta una serie de modelos que describen las variadas formas que puede adoptar el uso de la investigación en políticas públicas considerando la generación de conocimiento por parte de los investigadores, su uso por parte de los hacedores de política y el vínculo entre generadores y usuarios del conocimiento. Define cuatro tipos de modelos de uso: i) empuje de la oferta, se caracteriza por la generación de ideas por parte de los académicos, que definen la dirección de las investigaciones en función de su interés en el avance del conocimiento, y los usuarios son simples receptores de los resultados de las investigaciones; ii) tracción de la demanda, los usuarios generan demandas concretas de conocimiento a fin de encontrar soluciones a problemas específicos, que se materializa a través de un contrato entre el hacedor de políticas, quien define qué tipo de conocimiento necesita, y el investigador; iii) diseminación, que propone un paso adicional consistente en diferentes mecanismos de difusión de los resultados de investigación alcanzados, que gira en torno a dos factores clave: el tipo de resultado de la investigación (en particular, que el conocimiento sea de utilidad) y los esfuerzos de diseminación (para que el conocimiento generado adquiera visibilidad para el potencial usuario), y iv) interacción, que parte de la premisa que la utilización del conocimiento depende de la ocurrencia de variadas interacciones entre el generador y el usuario del conocimiento, que éstas interacciones suceden de manera desordenada (no lineal) en el tiempo, y que los objetivos se formulan a partir de las necesidades y los intereses de todos los actores del proceso, tanto de los investigadores como de los hacedores de política e, inclusive, a través de la participación de otros posibles actores.
            El análisis de los modelos de uso del conocimiento en políticas puede ser complementado con la tipología que distingue tres tipos de uso del conocimiento en políticas públicas, señala la autora: i) el uso instrumental, cuando el hacedor de políticas basa sus decisiones en el resultado de una investigación específica y es utilizado para una acción concreta; ii) el uso conceptual, cuando la investigación permite iluminar situaciones o problemas del campo del diseño de políticas públicas e impacta en la acción pero de manera más indirecta y menos específica que en el uso instrumental, modificando las percepciones, actitudes y creencias sobre las relaciones causa-efecto de los políticos; y iii) el uso simbólico, se da cuando la investigación es utilizada para legitimar o dar sustento a posiciones predeterminadas o preexistentes en el campo de las políticas públicas, y el hacedor de política se apoya en resultados de investigaciones para demostrar que la política diseñada o implementada es acertada y legitimar decisiones, o para argumentar la necesidad de incorporar cambios o desacreditar opciones preferidas por otros.
Los mecanismos y prácticas de interacción entre investigadores y políticos son importantes predictores del uso de la investigación en política. Cuanto más intensa y frecuente es la interacción, mayor es la probabilidad de que el conocimiento generado en el ámbito de la academia sea utilizado por los hacedores de política, indica la autora. El análisis de los mecanismos y prácticas que promueven la interacción entre ambas comunidades se centra en el rol de los vínculos sociales entre investigadores y políticos. Estas acciones tienen estrecha relación con los esfuerzos de adaptación y adquisición, los cuales conllevan la necesidad de cultivar relaciones de trabajo duraderas, cercanas e interactivas entre investigadores y políticos para evitar la desconexión entre la forma en que los investigadores piensan la investigación y la acción en política. Los mecanismos y prácticas se pueden agrupar en tres categorías: i) las redes y asociaciones, ii) las estrategias de comunicación y iii) las prácticas de intermediación.
            Es necesario identificar el régimen de decisión política que predomina en el ámbito de actuación del investigador, apunta la autora: de decisión rutinario, donde hay preferencia por la información que refuerza o modifica levemente los procesos políticos en marcha, y se resiste a la investigación que explícitamente desafía las creencias y principios fundacionales; de decisión incremental, en el cual se aceptan las recomendaciones que identifican alternativas y conducen a la resolución paulatina de temas que fueron previamente seleccionados en la agenda política, y no son bienvenidos los insumos que buscan promover cambios profundos e inmediatos en las políticas existentes; y de decisión fundamental, basado en continuas y radicales reconsideraciones de políticas y estrategias, por ejemplo ante la aparición de fases de transición y renovación política, fases de crisis y presiones.
En Morelos, debemos definir e implantar mecanismos para que, con apoyo de la academia, la política pública esté sustentada en conocimiento.