11 jun. 2013

Conocimientos cotidiano y científico


La apropiación social de la ciencia y la técnica es un tema fundamental de la política educativa y de la cultura del conocimiento. También, es un tema crucial en los foros de discusión sobre la gobernanza de la ciencia y en los debates sobre ética y ciencia, donde se encuentra la necesidad de una adecuada alfabetización y divulgación de conocimientos científicos y técnicos, y de una actualización en los programas de educación formal. Por lo anterior es imprescindible la necesidad de proyectar procesos de actualización del conocimiento que operen en contextos sociales amplios como instrumento para el logro de una ciudadanía calificada para evaluar la deseabilidad social de tecnologías que se están incorporando a la vida cotidiana, como pueden ser algunos aspectos de la nanotecnología o de la biotecnología.
            Clara Barroso, profesora titular de la Universidad de La Laguna, España, escribió el artículo intitulado “Lo que sabemos e ignoramos: del conocimiento cotidiano a la comprensión de la tecnociencia”, publicado por la Organización de los Estados Iberoamericanos en su Revista CTS, Selección 2012, páginas 127 a 139. Este trabajo reflexiona sobre el análisis de los componentes cognitivos que hacen posible la comprensión de las nuevas teorías y de las realizaciones tecnológicas que de ellas se derivan y que conforman el entorno científico actual; buscando claves que impulsen propuestas de formación, actualización y apropiación social de los conocimientos tecno-científicos.
            El conocimiento cotidiano se asienta en las representaciones abstractas de las percepciones de objetos que pertenecen a la realidad de nuestra experiencia vivida. Así, establece la autora que el primer escalón del conocimiento lo constituye las oportunidades del entorno físico en que cada individuo se desarrolla, con los estímulos que pueden procesarse orgánicamente. Se necesitan experiencias e interacción física con el mundo real para obtener percepciones sensoriales y asignando significado a éstas comprendemos el mundo real en que estamos inmersos. El segundo escalón está vinculado a la capacidad (que es en parte intrínseca y en parte inducida por el contexto en que cada individuo comienza su desarrollo cognitivo) que cada individuo posee para compartir significados de los estímulos físicos que puede procesar cerebralmente. En este nivel, el proceso de construcción de significados está fuertemente mediatizado por el contexto cultural (significados compartidos) en que cada individuo experimenta los estímulos físicos. La percepción es imposible sin experiencias físicas; el significado viene determinado por el entorno en que la percepción tiene lugar y dicho significado no se construye al margen de la experiencia social del contexto físico.
            La educación formal está vinculada al acceso a los conocimientos que la sociedad, a través de los expertos y responsables políticos, decide que son los necesarios para comprender el mundo en que este individuo ha de vivir. La autora considera que así se inicia un nuevo proceso en que experiencias indirectas (contenidos) han de entrar a formar parte de su acervo de conocimientos y se inicia el proceso que hará posible dotar de significado a realidades que no se perciben ni forman parte de la experiencia cotidiana: se accede al conocimiento científico. Así surge lo que la autora denomina el conocimiento cotidiano de lo no cotidiano.
            La mayor parte de las realidades sobre las que reflexiona la ciencia son, según la autora,  realidades que no forman parte de las experiencias que, como organismos y miembros de una sociedad, podemos percibir: las formas de vida microscópicas o no vinculadas a nuestro entorno (bacterias, formas de vida en los fondos oceánicos o en cráteres); entidades abstractas como teoremas o reglas lingüísticas; realidades macroscópicas, como las galaxias, o ínfimas, como los elementos atómicos; procesos que se producen en escalas temporales lentas (crecimiento, evolución de especies) o rápidas (reacciones químicas), y propiedades que se pueden medir indirectamente pero que no son sensorialmente perceptibles (conductividad de la electricidad o del calor). Todo ello son ejemplos que, formando parte del conocimiento científico, exceden los límites de percepción que se posee en la experiencia inmediata del medio en que se desarrolla nuestra vida cotidiana.
            En Morelos, debemos de estar comprometidos con los procesos que hagan posible la construcción de significados por la sociedad sobre los procesos y productos científicos. Es necesario ir más allá de la adquisición de determinadas informaciones o conocimientos para favorecer el desarrollo de competencias cognitivas que permitan y estimulen la continua actualización en la comprensión de los conocimientos científicos. La divulgación científica debe entenderse como el instrumento de actualización y fortalecimiento de dicha compresión. Si no existe un compromiso, los discursos sobre la gobernanza y la participación social en actividades científicas seguirán siendo acotaciones marginales del quehacer científico.

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